• Ultramaratón de los Cañones PARTE I/63K Guachochi

    Ultramaratón de los Cañones PARTE I/63K Guachochi

    La verdad no soy la mejor haciendo reseñas de carreras, pero ésta la debo, así que espero poderles transmitir algo de lo que viví aunque se que nunca se puede poner en palabras lo que quisiéramos. Esta aventura de correr los 63 kms en la Sierra Tarahumara inició como parte de un objetivo intermedio rumbo a la preparación del mundial de Ironman de Kona, Hawaii…en el que participaré Dios mediante el 9 de Octubre. Yo había ya preparado algunos corredores para esta hazaña y tenía que vivirla en carne propia.

    Viaja uno a Chihuahua y para llegar a Guachochi hay que recorrer más de 400 kms de una carretera sinuosa que por lo mismo no permite ir a más de 70 kms por hora por lo que al menos sin paradas calculábamos hacer unas 6 horas…un poco pesado, pero el estar ahí y ver una carretera como pocas veces he visto en México con muchísimos árboles y vistas maravillosas, hizo de este traslado una experiencia muy linda que iba a ser superada por mucho los días siguientes.

    Llegamos por la noche al pueblo de Guachochi y cuando ví el letrero “Bienvenidos Ultramaratonistas” algo extraño sentí. Sabía que iba a hacer un ultramaratón, pero de alguna manera al ver el letrero sentí algo muy personal…me dí cuenta…iba a ser mi primer ultramaratón.

    El día siguiente paseamos por esta entidad hermosa de Guachochi: Cascadas, lagos, caminos preciosos y sobre todo fuimos a visitar “La Sinforosa” lugar donde llegaríamos después de bajar los 1,500 mts del cañón y volverlo a subir. Al asomarme por el mirador para mí empezó lo impresionante..tenía que lidiar con el vértigo (cuando veo hacia abajo desde un lugar alto tengo una sensación de inestabilidad como si se moviera lo que estoy observando y si me acerco demasiado a la orilla, empiezo con sudoración por el temor a caerme). Sabía que iba a tener que caminar en lugares muy estrechos al lado de barrancos y tenía que superarlo…pasamos por un puente colgante que tiene al menos 100 mts de caída y realmente sentía que me tenía que tomar de los lados y como pude lo cruce con una sensación de temor intensa. Todo ese día me repetía a mi misma que lo iba a lograr!!

    Por la tarde fuimos a ver la carrera de 10kms…que la inician a las 4 de la tarde!!! Ahí empezó la magia..ver como llegaban los Tarahumaras (Rarámuris) a la meta…las mujeres con vestido y sandalias y los hombres con sus trajes típicos…algunos traían tenis y vestidos. Para mí fue impresionante verlos..y parecía como si la fuerza que tuvieran ellos me la podían transmitir. No había quejas de que hacía mucho sol, o la dificultad del trayecto… ellos llegaban a la meta así, a más de 30 grados centígrados…fue impresionante estar con ellos por primera vez.

    En la noche pude dormir bien, me levanté un par de veces inquieta, pero podía volver a dormir..hasta que llegó la hora. La salida era a las 5 am y teníamos que recorrer 20 kms antes de adentrarnos al cañón. Esos 20 kms suponía eran “fáciles” pues no había un desnivel importante pero empecé a darme cuenta que no había “fáciles”. El terreno tenía chipotes que no me permitían pisar con confianza, sin embargo todo había que hacerlo a un lado y seguir…yo llevaba un camelback con 2 litros de agua y 2 botecitos de la cintura pues sabía la complicación del agua del cañón y que a muchos conocidos les había generado problemas gastrointestinales fuertes.

    Creo que desde que comencé perdí noción del tiempo y la distancia…no veía el reloj, sólo avanzaba sin importarme el paso, la distancia o la dificultad. Me parecía una aventura estar corriendo realmente en la obscuridad sin ninguna luz mercurial o externa fuera de la que los corredores teníamos (algunos no llevaban luz, como los tarahumaras). El amanecer fue espectacular corriendo en medio ya de la sierra y de pronto un abastecimiento…y la bajada al cañón… justo en los primeros metros encontré a la única otra persona de Nuevo León que viajó: Carlos Merino…..iba por los 100kms, había entrado antes que yo al cañón y me recibía tomándome una foto… después de saludarnos empezó el dilema..NO SABÍAMOS POR DONDE IR!!…

    Todos los caminos parecían extremadamente difíciles para que pudiéramos pasar..nos fuimos juntando como 10 personas y cada uno exploraba un lado, hasta que después de unos 10 ó 15 min (calculo, porque ahí dentro no supe del tiempo) alguien gritó “es por acá””…pues ahí me dí cuenta: no iba a encontrar un camino sencillo…todos iban a ser complicados y había que poner atención a las marcas y no dudar…y de pronto que me empiezo a resbalar cada 100 ó 200 mts…resulta que los tenis que me parecían perfectos para subir y bajar Chipinque eran sumamente resbalosos para el cañón donde estaban todas las piedras sueltas y tierra húmeda muy resbalosa, ¡Debí conseguir unos tenis especiales para este terreno!! Primer error que me hizo querer sumirme de la vergüenza por “ser la entrenadora” por ser lo básico que debía considerar…pero había que seguir…traía un par de personas al lado con las que nos habíamos perdido…uno de ellos se cayó y empezó a quejarse de que traía una costilla rota, pero estaba advertido: Había que salir por nuestro propio pie del cañón pues no entran carros, burros, caballos ni nada para sacarte.

    Yo me seguía resbalando en cada piedra y ya sentía tirones en los muslos de estar con este problema…empezó mi temor: “Si me lesiono y no puedo entrenar para el ironman?!!” Había que tomar calma y deshacernos de pensamientos negativos así que seguía… el que se quejaba de la costilla iba quedando atrás y mi otro compañero estaba sorprendido de la velocidad con que me paraba de cada caída, pero tal vez estaría más sorprendido de todas las veces que me caía.

    Después de algún par de horas nos alcanzó un señor Tarahumara como de 60 años con sus sandalias, y yo decidí que era el momento de concentrarme en él…ver por dónde pisaba y por dónde se iba, porque en muchos momentos tenía que parar para ubicarme y buscar los moñitos rojos que eran la única guía, pues no había camino “evidente”.

    En muchos momentos me detuve a observar la belleza del cañón y me costaba un par de pasos poder retomar mi ritmo pues sentía que las cosas se movían.

    Transcurrieron las horas y llegamos a la parte baja del río…lo cruzamos tantas veces!!. yo daba Gracias a Dios que este señor (El Tarahumara) fuera delante mío guiándome, porque hubiera sido muy difícil para mi estar ahí… No quería que se fuera, pero tuve que hacer una pausa para dejar una hoja que había escrito con algunas “cuestiones personales” de las que me quería librar y estaba decidida a dejar enterradas en el cañón… y si podía superar el vértigo iba a poder superar también lo demás.

    No me fue difícil volver a alcanzarlo porque ya el terreno era más sereno, de hecho lo pasé, pero no había nadie delante mío… seguí avanzando hasta un lugar que le dicen “El Chipote”,… ahí estaba yo, en la parte alta de este Chipote cuando tuve que volver a descender AL NO ENCONTRAR POR DÓNDE SEGUIR!!! A un lado un precipicio, al otro lado una reja con púas y ahí habían dos moños rojos, y yo pensé: Si pusieron una reja con púas es porque no debemos pasar. Estuve un rato ahí y me desoriente hasta que ví un moño rojo en un árbol más delante y dije: “Por fin! Es por ahí!” y después de bajar como 1 km encontré a los participantes que ya había PASADO!!!! Me estaba regresando!!!!! No había de otra, al menos ya tenía compañero y subimos de nuevo, pero esta vez estaban llegando por el otro lado junto a la reja con púas unos auxiliares de la carrera y dijeron: “Sólo saquen la vuelta a la reja y sigan”… NO LO PODÍA YO CREER!!

    NO había que pensar mucho…solo seguir, me volví a adelantar al compañero y seguí un rato sola hasta que fui alcanzada por otra participante cuando me detuve en un abastecimiento…de ahí en delante me fui un rato con ella, pero en 2 ocasiones que me adelanté tuve que esperar porque no encontraba por donde seguir. MI error era elegir ver por donde pisar y no por donde ir… había siempre que estar atentos a ambas cosas. Después pasamos por un acantilado iba sola… me recargaba en la pared y caminaba porque aún cuando era plano y yo tenía la energía para corer, simplemente me llenaba de temor pensar en resbalarme, y como los tenis no eran los más seguros que hay, pues más temor tenía!!

    Llegamos a las “Zetas”….un lugar que vas subiendo en zig-zag, donde las esquinas pueden ser peligrosas porque hay piedras y al lado son barrancos, pero ya no tenía forma de perderme…solo gateaba en las esquinas para sentirme segura ( y porque además las piedras eran muy altas) y ahí pasé a muchos que ya estaban muy agotados… en el inicio de las zetas yo me sentía ya un poco mareada por tanto calor…estábamos a más de 40 grados centígrados (según el organizados abajo estuvimos a mas de 50, pero yo no sentí tanto calor, talvez 42 o 43 grados) y ya llevábamos más de 6 horas de ésta aventura….me tome mi 4to Ensure para ver si se me pasaba el malestar (el ultimo….sniff…me haría falta después uno mas), pero siempre avanzando …sabía que tenía que seguir…hasta que llegamos a la Cascada Rosalinda donde dijeron que ya tendríamos sombra…y sí…de pronto habían pedacitos con sombra de los árboles donde algunos aprovechaban para descansar del sol…yo no quería detenerme..pregunté cuanto faltaba y me dijeron que como una hora más de ascenso…así que había que seguir….y me fui casi todo ese tramo sola por 5kms… era un camino mucho más facil de seguir porque no sólo te guíaban los moños rojos, sino los botes de agua vacíos, sobres de electrolitos, sobres de galletas….que daban ganas de recoger para no dejar sucio esa belleza de cañón!! Pero al fin eran una guía que me mantenía segura… pues ya no veía nadie delante ni detrás mío….hasta que oí delante unas risas de unos jóvenes que me preguntaron si estaba yo bien (así había en el recorrido personas asegurándose que los participantes podíamos seguir, si veían a alguno mal lo detenían y NO SÉ QUE HARÍAN CON ELLOS!!… yo pienso que los llevaban por atajos ).

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